miércoles, 9 de noviembre de 2011

¡Qué asco tan rico!: Black Gloves (The Bloody Beetroots Remix)

Empecé este post con la idea de meteros un petardo de esos que duelen, barajando nombres como Axwell, Angello e incluso (lo negaré tres veces ante Jesús) Tiësto. Lo sé, tengo problemas y estoy en tratamiento, pero aún no veo la luz al final del túnel. De hecho creo que aceptar que el trance también forma parte de mi vida ayudará a sanar y llenar el vacío que existe en mi interior (y el tuyo). Pero al final no os hablaré de esto sino de otra cosa que sé que a muchos de los que seguís las hazañas del HPF Collective también os molesta bastante: El ruido de los asonantes The Bloody Beetroots. Ahora mismo este trío (o dúo) está repitiendo demasiado la fórmula con la que ya ha triunfado. Toca renovarse. Eso no quiere decir que no encontremos, tanto en su disco debut Romborama como, sobre todo, entre sus primeros remixes y singles, temas pata nigga. Y uno de esos temas, Black Gloves, es el que vamos a diseccionar (un poco, como en las clases de bachillerato que al final no era tanto) para descubrir las claves del sonido de los Beetroots:

1. Overdrive
Que esta gente vaya con chupas de cuero, pantalones pitillo y Converse no es una maldita casualidad. Es parte del maquiavélico plan de dominación mundial que han desarrollado (incluso con un manifiesto) durante su gira. El punk a vuelto. O al menos eso quieren hacernos creer. Y para ser punkies es necesario que los sonidos se arañen y que la distorsión sea la bandera del grupo. Riffs de guitarra pegadizos mezclados con sucios sintetizadores se unen formando una salsa muy compacta (parecida a esa capa de cerveza seca que queda en el suelo de los ateneos, mezclada con pitis y vasos de plástico).

2. Llevar las baterías Punk a la discoteca
Éste sí es un puntazo estilístico que ha cambiado el panorama. La velocidad del punk es demasiado alta para entrar en una sesión de House. ¿Qué podemos hacer? Y el hombre con careta de Venom dijo: Vamos a dejarlo siempre sobre los 130BPM's creando un espacio considerable para que el bombo tenga mucha cola (comprimidísimos con puntas que nos rebotan por el interior del cráneo) y peguémosle siempre un contraritmo muy seco y abierto (normalmente con una caja agudísima o las palmadas Beetroots que suenan casi igual en todas las canciones). Ah, y aderezado con otros sonidos típicos de 808 (cajas, palmadas, clicks) para, encima, ir de anal lógicos. Así, los ritmos se mantienen lineales durante toda la canción creando una dinámica jodidamente machacona que conserva este espíritu punk de dar por el culo. Sequedad y contundencia contra lo bailable. 

3. Detalles trash que no son tan trash
Los elementos que les han dado personalidad se rigen por una norma: negar la armonía. Y lo hacen mediante truquillos como subidas y bajadas de pitch, glitches de voz, beatrepeat... (nada que no se haya visto antes en el french house). Pero en este caso está todo meticulosamente tallado para causar feísmo sonoro (aunque de cartón pluma, como esos que iban de tirados Kurt Cobains y se pasaban media hora frente al espejo cada día). Todo este caos controlado y organizado es lo que ha puesto la guinda a un estilo que, pese a la urgente necesidad de ser renovado, ya ha cambiado nuestra manera de entender las noches de fiesta.

¿Está claro porqué los Beetroots son guays? Pues eso, hasta el próximo post que me dejen publicar. Y preparaos que lo del trance no iba de guasa.





Huevo de Pascua: MAC MAC The Bloody Beetroots.


Darth Mike

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