viernes, 14 de octubre de 2011

Un paréntesis necesario e imprescindible

Este blog "va de música", eso ha quedado claro tras más de un año de escribir (ole! llevamos más de un año y ni me había dado cuenta!). Hablamos de historia de la música electrónica, se hacen críticas más o menos bizarras de temas, temazos y temuchos, se hablan de sesiones que han marcado un antes y un después en nuestras vidas, y últimamente me estoy decantando mucho por el politiqueo y el papel de la música electrónica en el movimiento cultural y social (gafapastosidad y bla bla bla).

¡Bueno! A ver, hoy un paréntesis que abro y no cierro. Mirad, ya lo sabréis, mañana se ha convocado a la gente para que salgamos a la calle y les demos un golpe seco en el morro a los cochinos gordos que están revolcándose en nuestra mierda. Podéis pensar que no va a servir de nada, que total siempre ganan los mismos, que los del 15M no están organizados, etc. En realidad eso para mí pasa a segundo plano. Lo grande aquí, lo extraordinario, es que podemos salir, y podemos meterles el dedo en el ojo. Que vean que no estamos tan amodorrados como creen. Que se hagan un poco de caquita. Sólo salir y decirles "Eh, de qué vais, mirad que si nos cabreamos más la vamos a liar bien gorda" (y bien gorda se debería liar... pero bueno, no voy a explayarme con mis deseos más oscuros).

Eso es todo. Quería acabar poniendo en común la mani de mañana con la música electrónica, pero paso, no creo que haga falta, y sería gafapastear, y hoy estoy más de "sang i fetge".

Salid mañana. Joder. Salid mañana a la calle, ¡leche!

martes, 4 de octubre de 2011

Cuando el DJ se encuentra con el empresario

Cómo nos gusta pinchar. Poner música en un local y ver como la gente la baila, nos mira sonriendo, levanta las manos mientras sus cabezas se inclinan hacia arriba buscando un cielo más allá del techo de la discoteca. Sí, ya sabéis a lo que me refiero, ese momento de sentir que tenemos la sartén por el mango, que hemos logrado nuestro objetivo de evangelización a los infieles, o de afirmación acérrima a los que ya nos seguían. Por mucho que digan, por mucho que digáis, eso es lo que buscamos: el poder... 

Ojalá pudiéramos pinchar en buenos locales, con buen sonido, con buena acústica, con buen trato, pero eso sólo está reservado para unos pocos afortunados. Generalmente los mindundis pinchadiscos del montón tienen que contentarse con que les llame algún otro mindundi organizador de eventos del montón que a su vez ha conseguido que uno que no es mindundi le ceda su local para montar algún sarao.

Otras veces son los propios DJ los que se las tienen que ver con los magnates del ocio nocturno de la ciudad. En estos casos ya será muy jodido que ambas partes se entiendan, ya que los amos y señores de los locales hablan un idioma muy distinto al de los DJ. Aun así en algunos casos la tribu de los DJ y la de los empresarios llegan a comprenderse gracias a que uno de los dos ha estado años frecuentando la otra tribu y conoce un poco las costumbres y dialectos de sus interlocutores. 

El DJ le vende al empresario buena música, buen ambiente, sesiones con carácter que elevarán las almas de los asistentes a estado de éxtasis, que quedarán grabadas en sus tímpanos y les harán vibrar. Todo por el módico precio de 150€ más copas. 
El empresario le compra al DJ música en continuo durante 3 horas, con un mínimo de coherencia formal, que haga que las 300, 500, o 1000 personas que han decidido entrar en ese club no se vayan y se acerquen esa noche a la barra más de 2 veces, con suerte más de 3, y gasten sus buenos 25euros. 

Luego hacen números. 

Con 6 personas ya tenemos cubierto el sueldo del tipo que hace que esas personas bailen toda la noche. 

Pero somos tantos, y nos gusta tanto el poder pinchar, que hasta gratis lo hacemos.