martes, 8 de marzo de 2011

Tranquilicos

En el año 1992 la dj Moneypenny de NY que se había mudado a Bélgica hacía un año escribió "...el sonido hard techno se desmorona... El sonido que está resurgiendo de sus cenizas es el trance...". Cambio y corto.

Bueno, ni tanto ni tan calvo... Cómo nos gusta esagerá, mi'arma

La palabra "trance" ya se había utilizado en los círculos clubbers para referirse a un house minimal y repetitivo, por lo que era una forma bastante acertada de llamar a ese nuevo techno menos agresivo y más hipnotizante que empezó a sonar en 1991 en los platos del The Omen, local de Francfort regentado por el señor Sven Väth, que tras pasar dos años metiéndole al techno cosa mala (con sesiones de hasta 15 horas de tralla) acabó dándole una vuelta más o menos a ese estilo y se hizo profeta del nuevo sonido trance.

Por otro lado tenemos a un Paul van Dyk aprendiz de carpintero que desde el Berlín del Este escuchaba la radio Occidental salivando e imaginándose cómo debía ser la vida más allá del muro. Como el protagonista de un cuento infantil con moralina incluida van Dyk cuenta cómo practicaba con unos viejos platos comunistas con pequeñas ruedas para ajustar la velocidad, y cómo no podía permitirse comprar discos. Luego el muro cayó, y cuando se encontró el panorama clubber de "el otro lado" pensó que ese estilo techno tan detroitiano no era lo suyo. Así que empezó a pinchar donde le dejaban lo que le gustaba a él, y a la gente le encantó. 

Él lo llamaba "techno emocional", y acabó transformándose en el trance actual. Ese trance en el que los ritmos hipnóticos han dado paso a verdaderas melodías épicas, a arreglos prodrogadictiles, o a trucos pavlovianos que son el abece de los temas comerciales: tambores potentes seguidos de momentos de calma en los que el bombo desaparece y se quedan melodías que te van cargando las pilas (mientras puedes ir al supermercado, recoger ese paquete en Correos que hace días que te espera, o dar de comer a tus tortugas), y te hacen vibrar y disponen todos los órganos de tu cuerpo a que entre de nuevo el bombo justo después del redoble de la caja. Y qué bien sienta ese bombo.

Temica trance clasicote al canto:

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